La teología no es para mí
Mito de la negación

“El mito es el refejo de la cultura”. Como re ejo de la cultura, arguye a una idea que se basa en la condición ontológica del ser humano, y que acontece en la intrínseca relación de la cultura y la antropología. Este hecho mani esta que el ser humano no solo tiene ideas, sino vive también de ellas, pues es un ser de palabra, es decir de vínculos tanto con los seres humanos, con el mundo físico-natural y sin duda con las ideas, entre ellas la teología.

En principio, como todo conocimiento, todos participan del genérico de la teología. Al participar de ella, se enfatiza que cada hombre, por el hecho de tener contacto con la realidad, desde su hogar y desde la iglesia, ya asume una posición teológica. Ya dialoga, ejerce un lenguaje y un conocimiento, por vago que sea, que en la posteridad se va concretando en la experiencia de su vida personal y comunitaria.

El mito de la negación que dicta, “la teología no es para mí”, re eja una lamentable tradición cultural, sobre todo ante el auge de las corrientes positivas del siglo pasado, del materialismo histórico y posiblemente ante la era de la técnica. Aunque exista una actitud de negación, en realidad, la otra cara de la moneda es que existe una actitud de aceptación, la aceptación de cualquier idea sin criterios teológicos (Mito#3).

El mito de la negación conlleva la idea de la ingenuidad. En la actualidad más allá de optar por una actitud crítica, que se pre-ocupe por saber si las ideas que se tienen sobre algún tema bíblico-teológico son sanas y que hacen posible mantener humana la vida humana (Paul L. Lehmann), se acepta cualquier discurso, haciendo de la teología un espectáculo, donde se pre ere la copia que el original, la representación a la realidad y la apariencia que al ser (L. Feuerbach). De ahí que la ingenuidad represente como ya evidenciaron los sociólogos, “una fe a la carta”.

Negarse al saber teológico es negarse al saber humano y a la inversa. Decir que “la teología no es para mí”, es igual a decir, “leer historia no es para mí” o “la política no es de mi interés”. Como si la teología fuese solo una carrera que optar y que nada tiene que ver con la vida cotidiana. Es un saber del que vivimos siempre, es la Palabra viva que interpela al hombre (Gen 3:9; Mc 8:29). La negación de la teología evidencia cómo en la actualidad la seriedad de la fe en Dios va cayendo en descrédito.

Negarse al saber teológico es negarse al saber humano y a la inversa. Decir que “la teología no es para mí”, es igual a decir, “leer historia no es para mí” o “la política no es de mi interés”. Como si la teología fuese solo una carrera que optar y que nada tiene que ver con la vida cotidiana. Es un saber del que vivimos siempre, es la Palabra viva que interpela al hombre (Gen 3:9; Mc 8:29). La negación de la teología evidencia cómo en la actualidad la seriedad de la fe en Dios va cayendo en descrédito.

Judas en su carta escribe, “he sentido la necesidad de escribiros exhortándoos a contender ardientemente por la fe que de una vez para siempre fue entregada a los santos”. (Jud 1:3 LBA). La condición que Judas insta en este fragmento ha de representar el interés de todo creyente. “Contender ardientemente por la fe” signi ca el compromiso con la Palabra, la iglesia y el mundo. Por eso, hoy más que nunca es necesario estudiar teología

Walfre Garcia
Escrito por:

Walfre N. García Calmo Lic.
Estudiante de MTh en Teología.

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